domingo, 14 de septiembre de 2008

IV

Capítulo sin terminar. Ya.. continuaré xD


Freyr había ido a recoger de la escuela a Minerva. Estaban paseando por una de las viejas calles de Paris cuando dislumbraron una enmarañada manada de perros que se disputaban el hueso de una costilla. Un cachorro, joven y escuálido, con una mancha blanca sobre su cabeza marrón, gimoteaba junto al resto del grupo, incapaz de competir con el resto de perros más grandes. Minerva, apenada por el perrito, sacó de su bolsa la merienda y le echó un par de tostadas. El cachorrito meneó la cola al recibir el regalo y después se puso a seguir a Minerva mientras realizaba su paseo con Freyr.


Cuando llegaron a la cafetería, Minerva entró a por un bol de leche para poder traersela al perrito.

-¿Me lo puedo quedar, Freyr?

-No podemos tener un perro revoloteando por la cafetería, pero podemos ocuparnos que tenga algo que comer cada día.

Minerva sonrió y salió nuevamente a la calle con el bol lleno de leche. Al salir vio al perrillo jugando cerca de las botas brillantes de un apuesto joven, que por su apariencia, parecía bastante adinerado. Iba cogido de una chica, también joven y de buena apariencia, seguramente su pareja. Ambos miraban con descontento al cachorrito que no dejaba de moverse entre las piernas de la pareja, alegre y moviendo su cola.

-¡Ven aquí!--gritaba Minerva, pero el animal no le hacía caso. Este empezó a escarbar en la tierra del suelo con ambas patas delanteras, mientras con el lomo rozaba una de las piernas del chico--. ¡Ven aquí!--volvió a mascullar.

El joven miró hacia abajo. Levantó el pie y puso la pesada bota sobre el lomo del perro con un rápido y compacto movimiento realizado en un abrir y cerrar de ojos. Se produjo un crack de huesos astillados y un chillido apagado; el perrito se agitó en el suelo, hasta que el joven levantó el pie y le aplastó el cráneo.

Minerva exclamó un grito agudo dejando caer el bol, que estalló en mil pedazos, mientras el joven miraba el cuerpo con aire despreocupado, y después deslizó sus ojos sin brillo hacia el horrorizado rostro de Minerva. La oscura mirada --sin trazas de remordimiento-- se apoderó de ella. Freyr salió a la calle tras haber oído el grito de Minerva. Contempló el cuerpo sin vida del animal hasta que su mirada se cruzó con los ojos mortecinos y fríos del joven y también con una ligera sonrisa que cruzaba su rostro.

"Ya no puedes hacer nada por él, --parecía decir la mirada--. ¿A quién le importa?"

Freyr le devolvió una mirada llena de odio y rencor, y Minerva hundió su rostro en el cuerpo de Freyr, inundándolo en lágrimas.

-¿Pero qué has hecho? Solo era un pobre chucho abandonado, con un leve golpe habría bastado para asustarlo --la chica despegó su cuerpo del joven, asqueada por la situación, y se llevó sus manos a la boca, aguantándose las ganas de vomitar-- ¡Estás loco! --y se alejó de la escena.

Al joven no pareció importarle que su chica lo abandonara, "Será por mujeres", pensó, así que siguió su rumbo hacia delante. Pasó por el lado de Freyr, el cual no dejaba de mirarlo con repugnancia.

-¿Algun problema, burguesito?--y el joven escupió a los pies de Freyr, y siguió andando con aires de superioridad, hasta que escapó del campo de visibilidad de Freyr.

Mandó a Minerva a casa a descansar mientras él recogía el cuerpo sin vida del cachorro y lo enterraba en un lugar apartado.


A eso de media noche, la campanilla de la puerta volvió a sonar. No obstante, esta vez no era un alma descarriada en busca de ayuda. Alguien lo había conducido hasta allí. La cafetería estaba a oscuras con una sola vela encima de una de las mesas. Allí se encontraba sentado Freyr, con la cabeza apoyada en una de sus manos, mientras con la otra sostenía un colgante plateado por encima de la luz de la vela.

-¿Por qué estoy aquí?--era el joven de esa tarde.

Frery cerró la mano con la que sujetaba el colgante con tanta fuerza que empezó a sangrar. Luego la vela se apagó, dejando la estancia a oscuras.

-Yo te he llamado.

La puerta se cerró de un golpe seco. El joven se dio la vuelta y buscó a tientas el pomo. Tiró de él con todas sus fuerzas, pero la puerta no se abrió.

-¿Qué narices está pasando aquí?--gritaba desesperado--¡No entiendo nada!

-He de darte un mensaje.

-¿Un mensaje?

-Vasir Sombris, feata concordin.

El joven empezó a retorcerse de dolor, tirándose al suelo. Cientos de mordeduras empezaron a aparecer por todo el cuerpo. Las marcas eran pequeñas, pero profundas. Similares a las que dejaría la dentadura de un cachorro bien afilada. Freyr caminó hacia él y encendió de nuevo la vela, poniendola cerca del rostro del joven. Al hacerse de nuevo la luz, se vio a Freyr sujetando en sus brazos a un pequeño animal.

-¿Te suena mi amigo?

Y el pequeño cachorro saltó a la yugular del joven mientras el rostro se le desencajaba. Freyr apagó la vela y dejó caer la cera ardiendo encima del cuerpo. Y mientras este se retorcía de dolor por el suelo, sus huesos uno a uno iban quebrándose, hasta que Freyr aplastó su cráneo con numerosos pisotones.

-Mulveiz-nei cenit drenisend.--las luces se encendieron a la vez que el cuerpo del perro se desvanecía, viendo como este movía alegremente su cola. Luego dirigió su mirada al joven ya sin vida y se encongió de hombros.--¿A quién le importa?

Se cargó el cuerpo a los hombros y lo depositó en una esquina para que lo recogiera el basurero. Al volver a la cafetería se percató que no estaba solo. Un viejo conocido le esperaba dentro.

-Cuanto tiempo.

-Hola, Heimdall.

1 comentario:

Naïma dijo...

Qué sadico T__T

Pero bueno, está bien que se vengara por el pobre perrito

Aunque ha sido como muy corto este capi, a ver si sigues cabrona xDDD