Y se vació la cabeza. Dejó atrás cualquier esperanza y empezó a caminar hacia delante con la única pertenencia que quería conservar. Su oso de peluche, un ser inanimado del cual había recibido el único amor que le habían dado. Y llegó a una habitación fría, mohosa y dejada, y sintió que ese era su lugar. Y acurrucándose en una esquina, apretando contra su pecho el oso, empezó a llorar. Y lloró y lloró, dia sí y dia también. Sola, hasta que alguien interrumpió su soledad. Se sentó en la otra esquina horizontal de la habitación y se acurrucó apretando un conejito que tenía entre sus brazos. Ella levantó la mirada, odiándole, porque se había atrevido a irrumpir en su lugar. Porque creía que solo le pertenecía a ella. Él la miró también, pero con mirada calmada y sonriendo. Y le preguntó:
-¿Qué haces?
-Morirme.--contestó ella--¿Y tú?
-Renacer.--y volvió a sonreirle.
-¿Entonces ya moriste una vez?
-Sí. Ya he dejado atrás mi vida anterior, y he venido a encontrar paz para una nueva vida.
-¿Mejor?--preguntó ella, curiosa e incorporando su cuerpo hacia delante.
-No lo sé.
-Que estúpido... quizás tu vida anterior resulte ser mejor.--dijo perdiendo todo el interés y volviendo a su posicion inicial. Él simplemente, sonrió.
Pasaron horas, quizás días, los dos cada uno en su rincón, mirándose, sin decir palabra, hasta que él se incorporó y empezó a cavar con las manos. Al acabar el agujero, dejó dentro a su conejito, y lo enterró.
-¿Por qué has hecho eso?
-Ya he renacido.
La chica volvió a coger interés. ¿Podría ella dejar atrás su pasado y empezar de nuevo? ¿Podría ser que al final del túnel, hubiera una nueva puerta?
El chico le dio la espalda y empezó a irse. Ella se levantó de su lugar, tirando al oso de peluche y acercandose a él con rapidez para agarrarle del brazo.
-¿Cómo es morirse?--dijo, agitándolo con fuerza--Dime, ¿cuanto tiempo tengo que estar muriéndome para volver a nacer?
-Si te cuento el final, la historia pierde belleza.--y él la soltó con delicadeza.
-¿Yo también puedo renacer? ¿Podré?
Él no dijo nada. Sonrió y se marcho. Ella volvió a su rincón, pero esta vez sin coger a su oso, y empezó a mecerse. Pasaron horas y más horas, pero ella no tocó a su oso, tan solo pensaba en renacer, terminar de morir y empezar de nuevo. Llegó la hora en que sintió que ese era su momento y salió corriendo de la habitación, olvidándose de despedirse de su oso, al cual hasta hace poco consideraba su único amigo. Y ella volvió a ver la luz del dia, respirar el aire fresco... Se sintió viva. Feliz. Minutos después, algo empezó a oprimir su pecho, su corazón, haciendola caer al suelo y cerrar los ojos para siempre.
Él volvió a la habitación en busca del oso de peluche. Lo abrazó y empezó a cavar un agujero. Luego lo depositó en él y salió de la habitación. Volvió a donde estaba la chica y la miró. Esta vez su mirada no era calmada, amigable. Era superior.
-Estúpida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario