Inaugurada queda esta cosa. A ver quien se lee lo que escriba :_
Empiezo con algo que escribí por abril del 2005, que lo presenté al concurso de Sant Jordi y gané. La primera vez que escribía algo y de la que realmente me sentía orgullosa. Me gustó.
Hold me near, unravel the stars
As I speed through the heavens
Speed through the night
For you are my blade and my rope
Your are my, you are my lethe...
~Lethe, Dark Tranquillity~
Todo el mundo necesita ser escuchado alguna que otra vez. Pero hay personas que no pueden abrirse a cualquiera, necesitan el consejo de una persona especial, de alguien capaz de comprender todo el ser de la persona. Ese es el trabajo de Freyr, un dios desterrado al mundo de los humanos, condenado a ayudar a las mentes perdidas que no consiguen encontrar el rumbo de su vida. Freyr llevaba en el mundo de los humanos casi dos siglos y había vivido muchas vidas. Actualmente Freyr era el dueño de una respetable cafetería del centro de París, famosa por sus deliciosos croisants. De noche, la cafetería Des vampires abre sus puertas solo a aquel que tiene la mente turbia y perdida, que busca desesperadamente deshacerse de sus problemas y preocupaciones. La última persona que cruzó esa puerta llevaba horas y horas andando por la calle a altas horas de la madrugada. Era un hombre de unos veinte años aparentemente, de piel muy pálida, con el cabello largo y oscuro, vestido con una capa de terciopelo rojo, y un elegante traje negro. Cuando pasó por delante de la entrada de la cafetería, la puerta se abrió por sí sola, dejando sonar la campanilla de la puerta. Sin pensárselo dos veces, entró. En una de las mesas estaba sentado Freyr, tomándose un delicioso café. Levantó la mirada hacia el ser que acababa de entrar, sin dejar de remover ni tan siquiera un segundo su café y le sonrió. Freyr era alguien de apariencia amable y de sonrisa amigable. Dicen que la cafetería siempre está llena de chicas guapas gracias a su sonrisa. El hombre se quedó mirando su sonrisa allí pasmado sin decir nada hasta que Freyr se levantó, apartó una silla y le indicó que se sentara a su lado.
-Te estaba esperando.
Freyr volvió a sentarse. Era alguien que actuaba de forma muy educada, y siempre vestía de forma elegante, casi siempre sin separarse de un sombrero de copa negro y una capa del mismo color. El hombre se quitó su capa y la dejó en el respaldo de la silla donde luego se sentó. Echó su cuerpo un poco hacia delante y cerró ambas manos apoyadas en la mesa.
-¿Quieres un café?
Freyr le volvió a dedicar uan sonrisa. El hombre sacudió con la cabeza.
-Oh... Ya veo. Tú no puedes... Perdóname si le he ofendido ofreciéndole café.--Freyr volvió a sonreír.-¿En que puedo ayudarte?
El hombre esperó un poco antes de contestar, parecía estar inquieto e inseguro.
-Quiero acabar con mi eternidad.
-No eres el primer vampiro que quiere acabar con ese sufrimiento. Aun así, problema es fácil de solucionar. Puedes recoger un poco de leña y echarla en esa chimenea de allí, tírate y yo mismo me encargaré de recoger tus cenizas y esparcirlas una vez te hayas lanzado al fuego.--Freyr bebió un poco del café.--Delicioso.
-Si la solución fuera tan fácil no hubiese venido hasta aquí.
Freyr lo miró atentamente.
-Y bien... ¿Por qué no me cuentas entonces lo que realmente quieres?
El hombre dio un golpe encima de la mesa.
-¿No hay ninguna forma de poder volver a ser humano?
-Vuestra especie no se cansa nunca, ¿Verdad? No hay forma alguna de volver atrás. No puedes volver a ser humano. Además, tú te convertiste en eso por propia voluntad.
Y el dios tomó otro sorbo de su café. El hombre pareció irritarse y alzó el tono de su voz.
-¿Cómo sabes tú eso?
-Para algo echo la cartas. Sé como empezó y también como va a acabar. Tu nombre es William, fuiste un aristócrata muy respetado en la sociedad francesa de la época del Rey Sol. Una noche conociste a un joven llamado Nicolas, te dejaste embriagar pos su belleza y aceptaste la eternidad que él te entregaba. ¿Te cansaste de ella? Pues haberlo pensado dos veces.--y se terminó de beber su café.--Es una pena que no puedas probarlo...
William se echó la manos sobre la cabeza y empezó a llorar. No obstante, de sus ojos no salía nada más que sangre.
-Venga venga, así no vamos a ir a ninguna parte. Cuéntame la verdad.
El vampiro levantó la mirada hacia la de Freyr.
-¿Debo entregarle la eternidad a ella?
-Vamos progresando. Pero hay una cosa que no he entendido. Según una carta, hay dos personas, ¿me equivoco?
-Solo hay una persona. Verás, todo empezó poco después de haberme convertido en lo que soy. Era alguien al que le encantaba jugar con mis víctimas antes de darle la muerte, así que a menudo acudía a fiestas de la alta aristocracia. Fue en una de esas fiestas donde la conocí. Helena. La bella Helena. Una chica alta, esbelta, de piel pálida y ojos azules. Su larga melena dorada iba siempre recogida en un lazo rojo. Acostumbraba a vestir con elegantes vestidos de encaje y zapatitos de cristal. La deseé. Deseé hacerla mía. Quería que fuese mi víctima.
-Y siguiendo el tópico de vuestra patética existencia, no fue vuestra víctima.
-No. No pude matarla. Todas las noches iba a verla a su balcón y le dedicaba poesías de amor. Ella me amaba. Yo la amaba. El único problema es que jamás llegaría a estar con ella. un buen día, en busca de alguien para saciar mi sed, encontré una chica exactamente igual a ella, aunque algo mayor. Sin pensármelo siquiera, la seducí. Y a ella sí la maté, me sacié de su vida hasta que el corazón se le detuvo. Cometí un grave error. A la noche siguiente, cuando fui a visitar a mi amada, estaba de luto. Había muerto su hermana y yo había sido su asesino.
Freyr se levantó hacia la barra y sacó un croisant. Cogió un plato y se sentó en la mesa.
-Y haciendo honores a su poca sinceridad, no le contó lo ocurrido a Helena.
-No. Ella se entero por sí sola. Yo seguía visitándola todas las noches. En una de ellas la invité a la casa que solía habitar. Le ofrecí champán y yo mientras tocaba sus piezas favoritas en el clavicordio. Le conté lo que realmente era, le ofrecí la eternidad junto a mí, y aceptó. Me acerqué a su cuello y aspiré su aroma. Pero cuando iba a abrazar su vida ella me arrebató el medallón que colgaba de mi cuello. Ella abrió el medallón y entre lágrimas me gritó "¿Sabes de quién es el retrato que hay en el medallón? ¡Soy yo! ¡Mi hermana llevaba consigo siempre una foto mía!" Y se alzó la falda de su vestido para sacar un puñal que llevaba escondido en el liguero. Mi estupidez superaba los límites y había cometido otro error más. ¡No pude resistirme a llevar una foto suya colgada de mi cuello! Y ella me amenazó con el puñal, yo pensaba que iba a matarme y entonces me abrí de brazos para que lo hiciera. Pero en vez de matarme, me dijo "soy incapaz de matarte, pero tampoco puedo seguir a tu lado" y ante mis narices y sin poder hacer nada, se degolló el cuello.
-Sí, realmente tu estupidez sobrepasa los limites humanos...--susurró Freyr a la par que daba un mordisco a su croisant.--Entonces debo interpretar que la segunda persona, es su reencarnación.
-Exacto. Y me recuerda. Me sigue amando. ¿Debo ofrecerle la eternidad?
Freyr siguió comiendo su croisant, y entre bocados le dijo:
-¿Dudaste la última vez que se la ofreciste?
-No.
-Entonces no dudes ahora.--Freyr miró la hora en su reloj de bolsillo.--Aún tienes tiempo antes de que amanezca.
William sonrió y se levantó de la silla corriendo a salir por la puerta.
-De nada.--musitó Freyr antes de volver a hincar el diente en su croisant y terminarselo por fin. Entonces se levantó, recogió su sombrero de copa y se puso su capa para luego salir del local.
-De todas formas, yo ya sé como va a terminar toda esta historia.--y Freyr sonrió.
William había llegado al puente donde le esperaba Helena. Y allí estaba ella, de la misma forma que él la había descrito antes. William corrió hacia ella y la estrechó entre sus brazos.
-Helena, hoy por fin sellaremos nuestra unión por toda la eternidad.
-Sí.--le contestó ella, y también lo abrazó. Entonces, de una de las mangas de su vestido, deslizó un puñal. William se percató y se apartó de ella.
-Helena... ¿Qué pretendes hacer con eso? ¿Qué está pasando aquí? ¡No entiendo nada!
-¿De verdad te creíste toda esa historia estúpida de una reencarnación? Tan sólo te seguí el rollo para vengar la muerte de mi hermana.--Helena le enseñó una fotografía--¿Te suena esta cara? ¡Fue tu víctima hace seis meses!
William se echó a reír.
-Otra vez... Otra vez lo mismo. Está bien, mátame. Esta vez me matarás.
William la agarró por la muñeca y la aceró a él.
-¡Mátame!
La muchacha empezó a temblar y a sollozar.
-No... No puedo.
Y William la apretó con más fuerza.
-Mírame a los ojos. ¿Puedes ver lo que realmente soy? Un monstruo... Tan solo soy un monstruo que ha matado a tu hermana.
-Helena dejó caer el puñal al suelo, y se abrazó a William.
-No me importa nada. Hazme tuya, por favor. Conviérteme en alguien como tú.
William le besó en la frente y la tiró al suelo. Se agachó para recoger el puñal del suelo y lo puso contra su pecho.
-No. Esta vez pagaré por mis errores. Me concedieron una segunda oportunidad, y la he desaprovechado también. Supongo, que es mi naturaleza de monstruo.--y se hundió el puñal en su pecho.--Cuando me haya desangrado por completo, quémame.
Y William se desplomó en el suelo, mientras su no-vida iba apagandose por segundos. Quedó tendido con una enorme sonrisa en los labios. Dos hileras rojas caían por sus mejillas. Una belleza roja resaltando en una tez pálida. Helana se acercó a su lado y se apoyó en su pecho ensangrentado.
-Era mentira... Era mentira que no recordara nada.--y besó sus frios labios. Entonces recogió el puñal y se lo puso sobre su pecho.
-¿Estás segura de lo que vas a hacer?
Freyr le preguntó a la muchacha.
-Es la única forma eterna de estar junto a él.--Y Helena sonrió.
-Es una verdadera pena, no podrás probar los croisants de mi cafetería.--Freyr le devolvió la sonrisa.
-¿Sabes? Hay seres que con tan solo mirarnos a los ojos, nos enamoran, aunque sean verdaderos monstruos...--Y Helena se clavó el puñal en el pecho, cayendo sobre su amado muerto.
Freyr entonces se volvió a la esquina desde donde había espiado la escena y sacó una garrafa de queroseno con la que roció ambos cuerpos. Cogió una cerilla del bolsillo de su pantalón y los incendió a ambos.
-Sí. Tienes razón. Yo soy uno de esos seres.
Freyr le dio la espalda a los dos amantes muertos, que ahora ardían y se dirigió a su cafetería. Allí se puso a buscar entre los cajones y sacó una vieja fotografía de mujer. Una mujer bella y de amplia sonrisa. Era de piel pálida, y resaltaban sus dos ojos verdes. Su cabello era ondulado y largo, de color castaño. La mujer estaba posada encima de la rama de un árbol. Freyr la observó con tristeza y musitó:
-Mi bella Minerva... Algún día te encontraré. Cueste lo que cueste... Pagaré por haber dejado que te enamorarás de un monstruo como yo.
Freyr volvió a guardar la fotografía en el cajón. Había escuchado a lo lejos la campanilla. Otra alma vagabunda en busca de consolación.
-Espero que ésta al menos pruebe mis deliciosos croisants.
Abril '05. - Arisa -
5 comentarios:
Cómo has dado con mi blog? o_O
Petons xell :3
pedazooooo de escrito
uau!! mi enhorabuena, que relato tan magnífico!! escribes con ligereza y soltura... me ha encantado la atmósfera que destila el relato...
invitada quedas a mi blog Tierra de Bardos, en donde encontrarás también mucha fantasía.
Te espero!!
Coincido en que es super ligero de leer. es muy fluido y engancha muchisimo por todo el ambiente y la atmosfera que le das.
Aunque hay veces en que parezca que rompa esa atmosfera, alguna frase que queda como fuera de lugar, bueno me ha dado esa impresion
por lo demás genial, voy a seguir leyendo
Me encantaaa!!!!!!
siiiiii mucho!
oioioiooii!!!! que tenemos una escritoraaa de primera aqui! ya casi como la Meyer!!
heee... y imprimiendo las paginas con dorga que asi se aficionan mas! xDDD :P
dewww!!!
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